“Aquí ha venido un tal Velázquez, ayuda de Cámara del Rey, y dice que con misión de andar por Italia viendo estatuas y pinturas y procurar aver las mejores para adornar el Palacio de Madrid”
Carta del Cardenal de la Cueva a su hermano el Marqués de Bedmar [1]
Los Vaciados
Proyecto artístico,
específico e inédito a desarrollar en la ciudad de Roma durante la estancia con
la beca. El proyecto plantea una investigación escultórica y fotográfica sobre la
colección de vaciados que alberga la Real Academia de Bellas Artes de San
Fernando en Madrid y su conexión histórica con la procedencia italiana de las
piezas. Durante la estancia se realizarán tres nuevos vaciados escultóricos y
un fotolibro con imágenes de algunas de las esculturas originales en sus
emplazamientos y fragmentos de las obras reproducidas en España.
Posterior difusión en
Italia y España con exposiciones en los dos territorios y presentaciones de los
videos desarrollados y el fotolibro a editar con imágenes realizadas durante mi
estancia en Roma.
Trabajos a realizar: Investigación, 3 vídeos y un fotolibro.Trabajo fotográfico de campo y posterior edición y
postproducción de las imágenes y vídeos. Diseño y maquetación del fotolibro
para realizar una tirada apróximada de 500 ejemplares.
El
proyecto esta concebido para ser realizado en la ciudad de Roma ya que allí fue
donde llegaron otros artistas a realizar los vaciados para las colecciones
reales de España y dotar al país de buenas esculturas para que los artistas las
pudiesen aquí copiar y aprender de los grandes maestros de la antigüedad. La
ciudad de Roma es el marco imprescindible de todo el proyecto ya que por ella
pasaron todos los grandes artistas españoles.
La Beca
de la Academia de España en Roma es una gran oportunidad para todos los
artistas que la reciben y creo que nadie desaprovecha la oportunidad que brinda
de proyección a todos aquellos creadores que han podido disfrutarla a lo largo
de su historia.
Historia del Taller de Vaciados de la Academia de San Fernando en Madrid
El Taller de Vaciados y Reproducciones Artísticas custodia importantes vaciados históricos en yeso utilizados como modelos clásicos en la formación de los artistas. Mantiene una tradición que se remonta a los primeros años de fundación de la Academia cuando se encontraba ubicada en la Real Casa de la Panadería en la Plaza Mayor de Madrid.
Desde
sus orígenes en 1752 con el nombre de Real
Academia de Nobles Artes de San Fernando, esta institución
tuvo especial interés en reunir una galería de esculturas en yeso, vaciadas de
las más conocidas y apreciadas de la Antigüedad Clásica, que servirían para la
formación de los alumnos.
Siguiendo las pautas de otras academias europeas, el escultor Juan Domingo Olivieri elaboró una lista de las principales obras que deberían adquirirse en Roma. Pretendía de este modo traer vaciados del Vaticano, donde los artistas admiraban y copiaban desde el siglo XVI las esculturas del Belvedere. Hizo igualmente una selección de las que deseaba adquirir en el Museo Capitolino.
Finalmente, elaboró una minuciosa lista de esculturas en los principales palacios de Roma y colecciones como la de los Ludovisi, los Borghese y otras familias que habían acumulado un importante número de obras antiguas.
Pero más a mano que los yesos romanos estaban los de las colecciones de Cristina de Suecia y el marqués del Carpio, que habían sido adquiridas apenas unos años antes por Felipe V e Isabel de Farnesio para decorar su palacio en la Granja de San Ildefonso. De este modo llegaron a la Academia de San Fernando, en su antigua sede de la Casa de la Panadería, el Fauno del cabrito y el Grupo de San Ildefonso, que se consideraban las dos obras maestras de la colección real en aquél momento.
Paralelamente consiguen los profesores de la Academia de San Fernando que el rey les ceda los vaciados de yeso que casi un siglo antes había traído de Italia el pintor de cámara Diego Velázquez. De este modo se incorporan a lo que va a ser poco a poco una importante colección obras como el Hércules Farnese y la Flora Farnese, junto a otras que fueron restauradas por el escultor Felipe de Castro.
Siguiendo las pautas de otras academias europeas, el escultor Juan Domingo Olivieri elaboró una lista de las principales obras que deberían adquirirse en Roma. Pretendía de este modo traer vaciados del Vaticano, donde los artistas admiraban y copiaban desde el siglo XVI las esculturas del Belvedere. Hizo igualmente una selección de las que deseaba adquirir en el Museo Capitolino.
Finalmente, elaboró una minuciosa lista de esculturas en los principales palacios de Roma y colecciones como la de los Ludovisi, los Borghese y otras familias que habían acumulado un importante número de obras antiguas.
Pero más a mano que los yesos romanos estaban los de las colecciones de Cristina de Suecia y el marqués del Carpio, que habían sido adquiridas apenas unos años antes por Felipe V e Isabel de Farnesio para decorar su palacio en la Granja de San Ildefonso. De este modo llegaron a la Academia de San Fernando, en su antigua sede de la Casa de la Panadería, el Fauno del cabrito y el Grupo de San Ildefonso, que se consideraban las dos obras maestras de la colección real en aquél momento.
Paralelamente consiguen los profesores de la Academia de San Fernando que el rey les ceda los vaciados de yeso que casi un siglo antes había traído de Italia el pintor de cámara Diego Velázquez. De este modo se incorporan a lo que va a ser poco a poco una importante colección obras como el Hércules Farnese y la Flora Farnese, junto a otras que fueron restauradas por el escultor Felipe de Castro.
Pompeya y Herculano
Pero
la gran aportación a la galería de vaciados de la Real Academia de Bellas Artes
ocurre en las últimas décadas del siglo XVIII. En 1776 el rey Carlos III
regala, después de una visita al nuevo edificio, los vaciados de un importante
número de esculturas de Pompeya y Herculano, que hacía poco más de diez años le
habían mandado de Nápoles y tenía instaladas en el Palacio del Buen Retiro.
Pocos años más tarde el pintor Anton Raphael Mengs, cuyas relaciones con la
Academia, a la que había pertenecido, fueron algo más que tensas, legó al rey
una gran parte de la notable colección de vaciados que llegó a formar en Roma a
lo largo de muchos años. Finalmente, la desaparición de la Real Fábrica de
Porcelana del Buen Retiro, a comienzos del siglo XIX, motivó el traslado de la
galería de esculturas que había en lo que llamaban “Fábrica de la China”, para
incrementar los fondos de la Academia.
A lo largo del siglo XIX proliferan en Europa los museos de vaciados y reproducciones. De este modo se dieron a conocer en Madrid los mármoles del Partenón que había llevado a Londres Lord Elgin. Las esculturas halladas en excavaciones como las alemanas de Olimpia y las francesas de Delfos vinieron a sumarse, más tarde, a una galería que ya entonces figuraba entre las más importantes de Europa.
La creación del Museo de Reproducciones Artísticas, estrechamente vinculado en su vida y en su actividad desde sus orígenes a la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, incrementó de manera notable la colección de vaciados mediante compras en los principales museos del mundo.
Simultáneamente se hicieron intensas campañas de reproducción por toda España incluyendo vaciados de elementos arquitectónicos y fachadas que hoy tienen, además, un enorme valor documental.
Junto a lo que significaba crear una colección especialmente concebida para la enseñanza, la Academia de San Fernando desarrolló a lo largo de toda su historia una actividad de reproducción de sus propios vaciados, bien para reponer los que se deterioraban, como para suministrar yesos a otros centros de estudio que nacían a su amparo. La Academia de San Carlos en Valencia, la de igual nombre en México, la Academia de Bellas Artes de Sevilla y todas las Escuelas de Bellas Artes y Escuelas de Artes y Oficios que se fundaron en España durante los siglos XIX y XX, se sirvieron del taller de vaciados que formó y mantuvo desde su fundación la Academia de San Fernando. Trabajaron en este taller formadores ilustres que mantuvieron durante muchas generaciones una tradición y un prestigio del que hoy somos herederos y continuadores.
En algunos casos se trata de obras realizadas a partir de moldes de cerca de un siglo de antigüedad. En otros se ofrece la posibilidad de realizarlos con materiales sintéticos y resinas. En todo caso son siempre las esculturas que durante dos siglos y medio dibujaron y reprodujeron generaciones de artistas en nuestro país.
José María Luzón Nogué
A lo largo del siglo XIX proliferan en Europa los museos de vaciados y reproducciones. De este modo se dieron a conocer en Madrid los mármoles del Partenón que había llevado a Londres Lord Elgin. Las esculturas halladas en excavaciones como las alemanas de Olimpia y las francesas de Delfos vinieron a sumarse, más tarde, a una galería que ya entonces figuraba entre las más importantes de Europa.
La creación del Museo de Reproducciones Artísticas, estrechamente vinculado en su vida y en su actividad desde sus orígenes a la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, incrementó de manera notable la colección de vaciados mediante compras en los principales museos del mundo.
Simultáneamente se hicieron intensas campañas de reproducción por toda España incluyendo vaciados de elementos arquitectónicos y fachadas que hoy tienen, además, un enorme valor documental.
Junto a lo que significaba crear una colección especialmente concebida para la enseñanza, la Academia de San Fernando desarrolló a lo largo de toda su historia una actividad de reproducción de sus propios vaciados, bien para reponer los que se deterioraban, como para suministrar yesos a otros centros de estudio que nacían a su amparo. La Academia de San Carlos en Valencia, la de igual nombre en México, la Academia de Bellas Artes de Sevilla y todas las Escuelas de Bellas Artes y Escuelas de Artes y Oficios que se fundaron en España durante los siglos XIX y XX, se sirvieron del taller de vaciados que formó y mantuvo desde su fundación la Academia de San Fernando. Trabajaron en este taller formadores ilustres que mantuvieron durante muchas generaciones una tradición y un prestigio del que hoy somos herederos y continuadores.
En algunos casos se trata de obras realizadas a partir de moldes de cerca de un siglo de antigüedad. En otros se ofrece la posibilidad de realizarlos con materiales sintéticos y resinas. En todo caso son siempre las esculturas que durante dos siglos y medio dibujaron y reprodujeron generaciones de artistas en nuestro país.
José María Luzón Nogué
Licenciado en Bellas Artes por la Universidad
de Granada. Ha realizado el Master de Fotografía Profesional y Reportaje
Documental de EFTI. Master en Arte Creación e Investigación de la Facultad de
Bellas Artes de la Universidad Complutense de Madrid y MA Fine Art en la
Manchester Metropolitan University MMU (Inglaterra), bajo la tutoría de Ian
Rawlinson y Pavel Büchler.
Trabaja con diversos medios y formatos y ha
recibido diversas becas y ayudas tanto de formación (Iniciarte, Erasmus,
Séneca) como para la producción de proyectos artísticos (Iniciarte, ECAT
Toledo, Fundación Rafael Botí, Matadero Madrid).
Ha asistido a talleres con Carlos Garaicoa
(Fundación Botín, Santander), Mira Bernabeu
(Universidad de Granada), Xavier Ribas
(CA2M), Manel Esclusa (Universitar de Lleida), Antoni Muntadas (UCM) y Santiago
Cirugeda (UGR) entre otros.
Ha recibido varias becas y premios, y
realizado exposiciones tanto individuales como colectivas en espacios como la
Sala del Canal de Isabel II de Madrid, Sala d’Art Jove de Barcelona, Espacio
ECAT de Toledo, Off Limits Madrid, Galería Asm28 de Madrid, Matadero Madrid,
CAAC de Sevilla, Sala Amadís en Madrid, Villa Irís Fundación Botín de Santander,
Fundación Bilbaoarte y Sala Puerta Nueva de Córdoba entre otros.
[1] Publicada en PITA ANDRADE, J. M. et al., Corpus velazqueño. Tomo I. Madrid. Ministerio de Cultura (2000) p. 200.
[1] Publicada en PITA ANDRADE, J. M. et al., Corpus velazqueño. Tomo I. Madrid. Ministerio de Cultura (2000) p. 200.
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